Me parece que en la actualidad hay una disparidad en la libertad y censura que se permite dentro de los medios masivos de información. Claramente existe una mayor libertad para que los grandes consorcios hagan productos mediáticos (campañas publicitarias, telenovelas, concursos) con alto contenido sexual (cuerpos parcial o totalmente desnudos) y en horarios en donde menores de edad pueden estar viendo la televisión sin la compañías de adultos. Al mismo tiempo, en este contexto dicotómico en el que vivimos, el sistema imperante no permite la difusión de ideas políticas contrarias a las normas que se establecen arbitrariamente.
Uno de los casos más tristes de censura lo ha vivido el cine mexicano y fue durante el 2006 y principios del 2007 cuando en nuestro País no se contaba con una distribuidora para la película “El violín”, la segunda película más premiada en la historia del cine mexicano. No se contaba con dicha distribuidora ya que el film trata sobre una temática social fuerte, imperante en las zonas marginadas de México y América Latina. Los grupos que trataron de impedir su exhibición no pudieron hacer ya nada ante el inminente éxito que tuvo en Francia y otros países europeos aunados a una cosecha cada vez mayor de reconocimientos. Además de censura en el cine el conflicto que existe en Oaxaca ha arrojado cercos informativos y poco o nada se sabe de los líderes desaparecidos. Asimismo, no hay una cobertura amplia a los actos que realiza Andrés Manuel López Obrador con sus marchas, mítines y demás actos de resistencia civil pacífica (puntualmente lo ha señalado Germán Dehesa en su columna La Gaceta del Ángel, dichas marchas han representado los mayores movimientos sociales en la historia moderna de nuestro País y los medios [sobre todo la televisión] le dedica un par de minutos como notas de relleno en sus noticieros “de prestigio”), no hay telenovelas que toquen temáticas sociales más allá de los pobres pobres que quieren ser ricos (aquí cabe la anécdota que nos contó Marcela Couturier cuando ella y otros guionistas han propuesto telenovelas a Televisa y TV Azteca pero no han sido aceptadas, precisamente, porque tratan de ir más allá dentro de lo social).
Lo curioso es que además del “notable avance” que ha tenido la censura en nuestro país respecto a los contenidos sexuales, las groserías en programas de televisión ya son permitidas (el ejemplo más claro es que güey ya no es mal visto si lo pronuncia Adal Ramones). Muchas personas ven lo anterior como un gran avance contra la censura.
¿Será?
A mí me parece que todo lo que permite el sistema va más bien en detrimento de la cultura, del lenguaje, de lo humanamente importante. Se censura lo que genera denuncia y conocimiento pero se permite lo que embrutece, lo que entretiene. Me parece que no se debería permitir nunca más que a los jóvenes y a nuestros niños se les orille al despertar sexual cada vez a más temprana edad. No me parece correcto que se les mantenga entretenidos de esa manera, con programas como “En busca de la nueva banda Timbiriche” en donde niñas de 14 y 15 años salen con minifaldas que permiten ver su ropa interior únicamente para que la televisora tenga un alto rating y le gane los anunciantes a la competencia. Tampoco me parece ético que en el horario en el que la mayoría de las familias mexicanas comen (2 a 4 p. m.), en el canal más famoso de videos, se trasmitan programas como “Next”, “Exponed” y “Karaoke” en donde es común que dos chicas se besen, bailen juntas y tomen bodyshots una de la otra. No digo que los programas con estos contenidos no existan, simplemente se deben regular mejor.
Toda esta reflexión que contrasta la casi nula censura sexual contra la alarmante censura política no la hago por ser un vil moralino, me parece que la apertura de la censura se ha ido, más bien, entendiendo intereses económicos y para mantener a las generaciones cada vez más entretenidas, limitando la producción de conocimiento; y por el otro lado se ha estancado, en lo político, se sigue estando igual que hace 40 años o más en donde se le perseguía al que pensaba diferente, al que ponía el dedo en la llaga. La censura en México puede verse reflejada en los primeros 4 minutos de “El violín”.